Los hijos de Ayaden.

 

Es un cielo más hermano

Que es el cielo de Ayaden

En un lugar sin sombras

Sin temores ni desdén

en un lugar precioso

que es el jardín de Ayaden

Donde juegan los menores

Donde vuelan picaflores

Por sobre nuestra sien.

Es un día largo y bello

En el bosque de Ayaden

Donde las hadas vuelan

Silenciosas y en vaivén

Se preocupan de sus hijos

Que regresen con bien

De los campos de batalla

Más allá del monte Yen.

Esperando volver pronto

A los campos de Ayaden

A los brazos de sus madres

Y de sus queridas damiselas

Que los esperan con llantén.

Son los hijos predilectos

Los que vuelven de una vez

A rozar el agua cálida

De los ríos de Ayaden

Y regresan cantando

Las tonadas del ayer

Cobijadas en su alma

En sus lágrimas

En su ser.